miércoles, 1 de julio de 2015

INAUGURACIÓN DE LA OLIMPIADA: Maratón de la PROM 2015

Ha pasado casi un mes desde la inauguración de las Olimpiadas Agustinas y probablemente recién puedo analizar y comprender lo sucedido aquel día.

Desde que entré al colegio en Inicial 3 he visto correr a los de la promoción con la antorcha como acto principal de la ceremonia y desde siempre ha sido una de mis metas a cumplir como estudiante.
A lo largo de mis años he participado en distintos deportes, representando al colegio en la mayoría de campeonatos pero sobretodo en básquet, deporte en el cual he  podido alcanzar una Selección Nacional.



Yo estaba muy entusiasmada por la maratón, si bien no me preocupaba por el físico pues me mantengo en constante actividad física, sabía que en ese momento iban a haber otros factores que influirían en la carrera, uno de ellos era la motivación.

Lamentablemente, este año el recorrido fue diferente a lo habitual pues normalmente se parte desde el Convento de San Agustín; sin embargo, por falta de permisos de la municipalidad de Lima, partimos desde el Pentagonito. Sinceramente  he estado un poco frustrada y decepcionada pero ahora entendí que la maratón de la promoción va más allá del lugar en donde empieces o si haces o no deporte.

Finalmente, podido entender que durante la carrera se han presentado diversas dificultades y que para estábamos los amigos, para ayudar, lo cual se ve reflejado en el día a día. También que uno debe ser perseverante si quiere lograr un objetivo pues sobretodo en actividades físicas como esta maratón de aproximadamente 10 km. Ser realiza un esfuerzo extra y llega un punto que te cansas, pero en ese momento es que se mide la perseverancia y actitud de cada persona. Y que  probablemente  no haya sido la inauguración, ni la maratón, ni haya recibido el reconocimiento habitual por ser deportista destacada que esperé toda mi vida escolar pero aprendí que lo único importante es que yo me sienta ganadora y solo yo soy consciente del esfuerzo y horas que le dediqué a dejar el nombre de mi colegio en alto y la sensación y experiencia que viví junto a mis compañeros en este último año como estudiante, nadie me lo quitará jamás.