Ha pasado casi un mes desde la inauguración de
las Olimpiadas Agustinas y probablemente recién puedo analizar y comprender lo
sucedido aquel día.
Desde que entré al colegio en Inicial 3 he
visto correr a los de la promoción con la antorcha como acto principal de la
ceremonia y desde siempre ha sido una de mis metas a cumplir como estudiante.
A lo largo de mis años he participado en
distintos deportes, representando al colegio en la mayoría de campeonatos pero
sobretodo en básquet, deporte en el cual he
podido alcanzar una Selección Nacional.
Yo estaba muy entusiasmada por la maratón, si
bien no me preocupaba por el físico pues me mantengo en constante actividad física,
sabía que en ese momento iban a haber otros factores que influirían en la
carrera, uno de ellos era la motivación.
Lamentablemente, este año el recorrido fue
diferente a lo habitual pues normalmente se parte desde el Convento de San
Agustín; sin embargo, por falta de permisos de la municipalidad de Lima,
partimos desde el Pentagonito. Sinceramente he estado un poco frustrada y decepcionada
pero ahora entendí que la maratón de la promoción va más allá del lugar en
donde empieces o si haces o no deporte.
Finalmente, podido entender que durante la
carrera se han presentado diversas dificultades y que para estábamos los
amigos, para ayudar, lo cual se ve reflejado en el día a día. También que uno
debe ser perseverante si quiere lograr un objetivo pues sobretodo en
actividades físicas como esta maratón de aproximadamente 10 km. Ser realiza un
esfuerzo extra y llega un punto que te cansas, pero en ese momento es que se
mide la perseverancia y actitud de cada persona. Y que probablemente
no haya sido la inauguración, ni la maratón, ni haya recibido el reconocimiento
habitual por ser deportista destacada que esperé toda mi vida escolar pero aprendí
que lo único importante es que yo me sienta ganadora y solo yo soy consciente
del esfuerzo y horas que le dediqué a dejar el nombre de mi colegio en alto y
la sensación y experiencia que viví junto a mis compañeros en este último año
como estudiante, nadie me lo quitará jamás.
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